1979 S.R.M Lía Victoria Borrero Vásquez


Vigésima Segunda Reina de la Calle Abajo de Las Tablas 1979.

Hermosa, muy alegre, de bella figura y gran dinastía tableña. Fastuoso carnaval de mucho lujo y fuego. Presentó un inmenso trono de tema imperial y fino acabado con una corona sostenida por dos columnas con figuras de atlantes en dorado.

Inolvidable y majestuoso por su exuberancia y acabado, el carro del sábado de carnaval inspirado en la película “La Guerra de las Galaxias”, recién estrenada aquella época. El mismo estaba realizado con elementos de la película como naves espaciales, robots, complementados con efectos de movimientos, luces y música sideral de fondo. El vestuario de la majestad y de la corte fue de gran vistosidad e innovación, que produjo impactantes ovaciones en el público y sobre todo en los tunantes.

Según la tradición de las coronaciones de la década, y por lo tanto la de los domingos de carnaval, se presentó una fantasía imperial en carro alegórico con una corona bajo la cual estaba la majestad quien bailaba al son de las alegres tonadas.

El lujoso lunes con el carro representativo de un grandioso “Chandelier”, donde la reina y las damas constituían las luces de la lámpara, y cuyos disfraces llevaban iluminación en los tocados, hecho que se dio por primera vez en la historia del carnaval nacional.

El carro del martes con el tema “Diablicos Sucios”, mostraba inmensas máscaras alusivas y otros en las posiciones de sus danzas, muy colorido y de gran acabado. Una “Parranda Rumbera” de Cuba lució el sábado de carnavalito, graciosa y alegre presentación que culminó otro carnaval de innovaciones, mucho fuego de aire y calle, además de otra reina con carisma y donaire. Dato interesante es el hecho de que su hermana Marcela Borrero presentase el primer carro de culecos del carnaval nacional en 1966, y luego Lía Victoria continuó la tradición en nuestra tuna a partir de su carnaval.

Para organizar este carnaval, se hicieron grandes reuniones en la capital, especialmente en casa de Doña Gerardina González Ruiz de Cano, donde se acoplaron todas las estrategias carnavaleras por “la gente de peso” de la tuna, quien acudió al llamado.